Curvas

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Subieron como individuos.
Idiomas distintos. Historias separadas.
Trayectorias personales cuidadosamente mantenidas.

Intentaban describir el paisaje.
Buscaban palabras equivalentes:
“frondoso”, “vértigo”, “profundo”, “infinito”.

Pero cada idioma llegaba a un límite distinto.
Las fotos dejaron de ilustrar la experiencia.

Entonces la guagua giró.

El cuerpo entendió antes que la mente:
cuánto inclinarse,
cuándo tensarse,
qué soltar.

Guardaron los móviles. Ya no hacían falta.
Experiencia directa. Única. No editada.

Durante el trayecto, no hubo traducción.
Hubo sincronización.

Al bajar, recuperaron sus lenguas.
Compararon impresiones.
Coincidían en todo.

Eso fue lo extraño.

Porque no habían vivido la misma experiencia.